El desarrollo del lenguaje ocurre en el ser humano desde muy temprana edad. Algunos niños comienzan a pronunciar sus primeras palabras alrededor de los 10 meses, cuando escuchamos esas sílabas que van emitidas con un sentido: “Ma” – “Pa” – “Te” – “Da”, etc. Pero es que desde antes de esa corta edad, los niños están armando un rompecabezas dentro de su estructura mental que los llevará más temprano o más tarde (dependiendo de la estimulación) a un proceso muy complejo como lo es el habla.
Fonología, Semántica, Gramática, Pragmática, son los cuatro componentes principales que permitirán que el niño logre ese proceso tan complejo y enriquecedor. Brindar oportunidades para desarrollar cada uno, es un reto que debemos asumir los que estamos al frente de su formación, pues el lenguaje es una construcción que nace y muere con nosotros. Podrá variar el tiempo en que se emitan esas primeras palabras ya bien estructuradas en oraciones, pero lo importante es que dentro de ese bagaje de información, para llegar a comprender y utilizar las reglas de conversación, existan actividades lúdicas, que potencien el vocabulario y la creatividad.

Y, ¿Qué mejor manera de ir comprendiendo la vida, sino a través de historias maravillosas? De esas contadas por mamá, papá o los abuelos, que inventadas o no, van creando un mundo en la imaginación de los más pequeños, que permitirán la integración de conceptos, convirtiéndolos en herramientas para el pensamiento creativo y la comprensión verbal. Y es que Los Cuentos, tienen la capacidad de fomentar no sólo la expresión de sentimientos, la regulación de los comportamientos y la interacción y el vínculo entre padres e hijos, sino que a través de ellos estamos potenciando en los niños la capacidad de ser creativos y ampliando su posibilidad de comprender el mundo; un mundo tan convulso que cada vez demanda más personas que sean capaces de reaccionar adecuadamente ante las multipolaridad de todas las áreas vitales.
En este sentido, debemos decir con toda firmeza que un cuento es el mejor instrumento desde la infancia, para empatizar con el mundo, pues todo niño que lee se convertirá en un adulto libre de ataduras mentales, capaz de expresarse abiertamente y de manera asertiva. Permitamos pues, a nuestros hijos ser protagonistas de sus historias y transportarse a mundos diferentes llenos de emociones y aventuras.
Cristina Lameda de Rodríguez
Licenciada en Psicopedagogía. Especialista en Dificultades para el Aprendizaje.
Creadora del Proyecto de Estimulación Temprana en Educación Inicial, el cual fue puesto en práctica durante 10 años en los Preescolares del Municipio Sucre, del Estado Miranda en Caracas- Venezuela.
Especialista en Planificación y Evaluación Educativa, con 28 años de experiencia en el área de Educación