La existencia de cada vez más información en torno al parto y su protocolo clínico, tipos de anestesias, posturas que favorecen el parto, beneficios del piel con piel, la creación de un plan de parto ajustado a los deseos de esa madre que está apunto de parir… son grandes progresos a los que la obstetricia ha llegado en las últimas décadas. La presencia de la “Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal y de la de Cuidados desde el Nacimiento”, es un progreso, cierto; pero en el fondo acaba siendo una respuesta tras años de lucha para que nuevamente la mujer sea escuchada en defensa de lo que es su propia naturaleza: PARIR.
La OMS destaca: “atender respetuosamente a la madre, manteniendo su dignidad, confidencialidad y privacidad”, y añadiría al bebé, quien todavía dentro, es parte importante del proceso. Dicha “atención respetuosa” en ocasiones considerándose cubierta por la realización de buenas prácticas, supone algo más allá de lo recogido en cualquier guía y protocolo. Una atención respetuosa al parto, debe iniciarse por la compresión de ese momento como el más importante para la vida de una madre y su hijo, y por lo tanto precisa ser cuidado con sumo cariño. La comprensión de ese momento como parte del proceso y no como el final de una etapa. ¿Por qué pensáis que cuando parimos terminamos algo?. Cuando parimos seguimos, seguimos pero con el amor en brazos en lugar de dentro de nuestra tripa… y es ahí donde debemos orientar la atención.

Si ponemos la atención en el parto como el final del embarazo, diríamos que hay un gran avance. Protocolos, guías, información, materiales e incluso espacios adaptados gracias a profesionales que más allá de ver la construcción del espacio en sí, han visto la importancia del espacio para favorecer las condiciones en las que una mujer va a parir. Pero si observamos el parto como el paso decisivo en la etapa de toda mujer e hijo, queda mucho por hacer, en un momento en el que un mal gesto puede ser motivo para que la madre no se sienta completamente libre de ser ella, desinhibirse y contactar con lo más profundo de su naturaleza.
En cualquier caso, está claro que aquello que realmente humaniza un parto es la calidad humana de las personas que asisten. La confianza en esa madre que biológicamente está preparada para ello; silencio para dejarla hacer, silencio para dejarle nacer a su ritmo; y la escucha para atender las necesidades de esa madre y ese bebé en el parto.